Despedimos 2023

17 Dic, 2023 - 07:55
Para cerrar 2023, un año intenso y crucial para nosotros, os enviamos estas palabras que Arturo Morando leyó a los socios del Club de Lectores de Avizor Ediciones que asistieron al acto en la Fundación Ramón Menéndez Pidal el pasado 30 de noviembre ¡Gracias por acompañarnos en esta aventura y Feliz Año Nuevo!

Muchas gracias porque la mayoría o sois miembros del Club de Lectores de Avizor Ediciones, o bien sois fieles amigos, seguidores y compradores de nuestros libros. De estas tres cosas quería hablar brevemente antes de dar paso al motivo principal que nos reúne hoy aquí (la presentación de Cuando se hiele el Infierno, la última novela de Miguel Fortea): del Club de Lectores, de este grupo de amigos metidos a inconscientes e inexpertos editores y de la venta de nuestros libros.

A fecha de hoy, el Club se compone de casi 500 miembros. Esto es importante por varios motivos. Económicamente es oxígeno. Como editores, os tenemos en mente a la hora de buscar y seleccionar obras (a muchos os conocemos personalmente, podemos pensar si os va a gustar o no, al margen de que nos guiemos por nuestras preferencias y por la calidad), se puede decir que en primer lugar publicamos pensando en vosotros, sois una especie de guía. También nos ha creado una obligación, ese boletín de suscripción firmado por vosotros que nos compromete a seguir publicando y a organizar eventos alrededor de nuestros libros o de la literatura o los autores en general. No es un compromiso menor, casi 500 ejemplares, cuando la tirada media por título en España en 2022 ha sido de 3610 ejemplares. Somos una minoría, solo el 1,5% de las ventas de libros en España se hacen a través de clubes de lectores, pero una minoría que goza del privilegio de dos libros al año por una cuota muy ajustada, teniendo en cuenta el precio medio de un libro en el mercado (14,40 euros en 2022).

Los amigos. Evidentemente ahora que estoy hablando aquí no puedo dejar de acordarme de la tarde (también lluviosa) del 1 de junio pasado en la que José Manuel Cajigas y Elena Gallego presentaron aquí Un hogar para Dom, de Victoria Amelina. Pocos días después, en la tarde del 27, un misil ruso cayó sobre el centro comercial y restaurante de Kramatorsk donde se encontraba cenando con un grupo de escritores e intelectuales colombianos, dejándola malherida, a resultas de lo cual falleció pocos días después. Nuestra editorial, este grupo de amigos inconscientes e inexpertos editores, recibió el impacto en vivo y en directo. José Manuel estaba en contacto por WhatsApp con Héctor Abad Faciolince quien, según nos ha contado, no sabe cómo ni con qué fuerzas, siguió comunicando con él desde el suelo, entre cascotes, aturdido pero consciente. En las horas y días siguientes, gracias al saber hacer y la experiencia de Inmaculada (del trabajo estajanovista de Álvaro por refundir y publicar los resúmenes de noticias) pudimos poner en marcha una campaña de comunicación respetuosa con el derecho y la obligación de informar y con las víctimas y, desde luego, ajena a cualquier tentación de sacar tajada de la desgracia, que también era nuestra desgracia. José Manuel se multiplicó para atender a los medios en entrevistas, artículos en prensa, no por vender más libros, sino por difundir la dimensión de la tragedia.

Una tragedia más cercana para los que habían conocido a Victoria (Elena y José Manuel) pero también para los que ya habíamos leído Un hogar para Dom, porque en esa tragedia se sublimaba la historia del propio pueblo ucraniano tal y como nos la había narrado el perro Dom. No en vano la propia Victoria, que se estaba volcando en diversas tareas humanitarias y de resistencia intelectual, también estaba preocupada por la cantidad de Doms abandonados como consecuencia de la guerra y colaboraba con una amiga que se dedicaba a recogerlos y cuidarlos. 

No sé si hemos vendido muchos libros o no. Eso igual lo puede contestar Fico, la mente más gestora y sensata que tenemos (gracias Fico por tu dedicación a perseguir a nuestro distribuidor y otras tareas de poco relumbrón y mucha sustancia). Lo que sí sé es que José Manuel se ha dejado la vida, sacrificando tiempo de su trabajo y de su familia, hasta el límite de lo razonable (y más allá) promocionando el libro en homenaje a Victoria, por mantener a Victoria viva. Esto es importante, al menos para mí, no tanto como amigo sino como amigo editor inconsciente e inexperto. Hace unas semanas, estuvimos en Burgos y en Vitoria, hablando del libro en actos organizados por comunidades de ucranianos o de españoles que les están ayudando. Teníais que haber visto sus caras al comprarnos el libro, es como si les estuviésemos devolviendo un trozo de su país, de su vida… De hecho, lo que nos contó alguna chica ucraniana de su familia se parecía demasiado a la historia de la familia Tsilyk. Haremos las presentaciones que haga falta para seguir difundiendo la obra de Victoria y, por supuesto, vendiendo sus libros.

Una historia maravillosamente contada en castellano. Y eso se debe al trabajo de José Manuel pero sobre todo al de Elena Pereira, coeditora y sobre todo cotraductora principal, con la ayuda de Natalia, Inma y Almu (las supertacañonas). Yo sigo sabiendo poco de esto pero me da que traducir un libro es volverlo a escribir en otra lengua. Es posible que esto ya lo haga la IA, seguro que las grandes editoriales con las que no competimos la usen. Nosotros no tenemos IA, tenemos a EP, la superjefa de tantas cosas. Sin ella, Un hogar para Dom no se habría publicado en castellano y esta editorial, perdón, este grupo de amigos inconscientes e inexpertos, seguiríamos siendo los mismos. 

Hoy no lo somos, queramos o no reconocerlo. Nosotros no estábamos preparados para esto que ha pasado. Incluso yo me he preguntado: ¿Por qué seguir con este juego de amigos editores inconscientes e inexpertos, que nos ha sumido en esta tragedia? ¿No es acaso para cualquier editor una tragedia, por experto y experimentado que sea, que te maten a la autora recién publicada?

Como Héctor, no el héroe troyano, sino el colombiano que se levantó de entre los cascotes y ha seguido su camino de escritor, este grupo de “brothers in arms” también se está levantando, un poco aturdido todavía. De hecho, con su apoyo generoso hemos publicado una segunda edición de Un hogar para Dom.

Gracias a la hospitalidad de Elena y de José Manuel, Almu y yo tuvimos la suerte y el privilegio de pasar algunos ratos con Héctor Abad Faciolince, con Alexandra y con Paco Alonso, primo de Elena, en tierras de Burgos. Yo nunca había conocido y mucho menos hablado con un escritor. Privilegio de editores. Viendo a Héctor observarlo todo y a todos, y tomar notas en su pequeña libreta, me di cuenta de lo farsantes que son estos escritores de ficción. En realidad, lo que ponen en juego en cada libro son sus vidas, a través de otros personajes y situaciones, son fragmentos de sus vidas, de sus amores, de sus sueños o fantasías, de sus miedos y fracasos. 

En la introducción a La alegría del Capitán Ribot, de Armando Palacio Valdés, José Manuel escribió: “la lectura es al mismo tiempo, un entretenimiento y un camino de conocimiento”. Esto me parecía entonces un buen motivo para meterme en esta aventura. Publicar libros para facilitar la lectura a todos aquellos ávidos de entretenimiento y conocimiento. Pero creo que ahora esa afirmación no responde a la pregunta que me hacía anteriormente, ¿Por qué seguir esta loca empresa que incluso nos puede sumir en una tragedia como la que hemos vivido, que nos maten a nuestra escritora recién publicada?

Ciertamente, nosotros publicamos libros muy bonitos. Gracias a Natalia y Álvaro, a los que no siempre hacemos el caso que debiéramos, estamos consiguiendo crear una imagen y un diseño de nuestros libros, desde la portada (gracias Felipe, somos un grupo de amigos inconscientes e inexpertos pero intentamos rodearnos de buenos profesionales), hasta el gramaje, el tipo y tamaño de la letra, el color del papel. Tan bonitos que Alberto, a veces, cuando quiere vender uno, se lo hace tocar al potencial comprador o compradora… “Acarícialo”, les dice, como si fuese, no sé, un gatito o un perrito. Creo que Alberto, como el resto de este grupo de inconscientes e inexpertos amigos editores, que hemos participado en el proceso de gestación de la publicación desde el principio, en el fondo pensamos que el libro es una criatura con vida propia y esperamos que el lector, al tocarlo, sienta su latido. 

Los libros, los nuestros al menos, no tratan de ser solo bonitos, o atractivos comercialmente (luego hablaré de la venta), no son productos, no son montones de letras negras sobre fondo blanco, son trozos, cachos de vida de escritor apuntados en la libreta de Héctor o en el móvil de Miguel. Por eso, después de descubrir esto (perdón por mi ignorancia), que podemos transmitir vida, que podemos convivir con el azar (que se llevó a Victoria y nos dejó a Héctor) y que podemos luchar contra el olvido, contra la misma muerte; después de ver a Almu llorar desconsoladamente al terminar El olvido que seremos tras haber conocido a Héctor, al autor en persona. ¿Cómo vamos nosotros a dejar de editar libros, libros auténticos que trasmitan vida?

Lo hicimos con El libro de Katerina, gracias a Miguel dimos con el cauce de otro torrente de vida bellamente escrito. Os presentamos a su autor Auguste Corteau junto con el libro. Sino lo habéis leído por favor hacedlo, y si queréis ver el vídeo antes pedídnoslo. Él (Petros) y su padre (Tasos) se quitaron un peso de encima. “¿Y después? Después habrá un aleteo en la noche, dentro de mí: mi pequeña nada que se dispone a volar, a unirse a la gran nada. O con la esperanza de una vida tan maravillosa como la que abandono”.

¿Y qué decir de los clásicos? Publicamos a Palacio Valdés, pero no os engañéis, no publicaremos a autores antiguos por serlo, sino porque sus libros son clásicos. En mi modesta opinión, un clásico lo es porque cuando lo leemos (así hayan pasado 1000 años) nos sigue pareciendo actual, seguimos percibiendo, sintiendo, que lo que bellamente expresó su autor, todavía conserva el aliento, el latido de esos trozos de vida que el muy farsante disfrazó de ficción… Su obra no ha envejecido, se conserva inmortal y merecerá incorporarse a nuestra pequeña colección de Clásicos Recuperados.

Sé que Inma, Carlos, Almu, al menos, que yo sepa, pero hay más amigos y socios de Avizor, que andan leyendo mucho buscando obras para publicar. Pero, además de leer y leer, nuestro trabajo actual es vender más. De nada sirve todo lo anterior si los libros no llegan a los lectores. En España había, en 2022, 794 editoriales. Se publicaron más de 83.000 títulos (57.000 de ellos en papel), casi un 5% más que en 2021. Se publicaron 206 millones de libros (un 4% más) y se vendieron 178 millones de libros (un 2,5% más).  El 64,1% del mercado se lo reparten las grandes editoriales que es como decir dos grandes grupos: Planeta (Seix Barral, Tusquets, entre otras) y Penguin Random House (Alfaguara, Plaza Janés y otras más). El 54% de los libros se venden en librerías y cadenas de librerías. Estar en las mesas de novedades o en los escaparates es una locura… Ni aunque te maten en acto de guerra a la escritora. La distribución es una locura, nunca (salvo que Fico o Miguel ya lo hayan entendido) sabes si se han venido o no los libros, por no hablar de los márgenes. 

Estamos vendiendo los libros gracias a la imaginación, el trabajo y la capacidad de organización de eventos parecidos a este, buscando otros clubes o plataformas de lectura, asociaciones o entidades que puedan tener alguna relación con nuestras obras (la Embajada Griega, la Casa de Asturias en Madrid, el Colegio de Veterinarios o el de Psicólogos, por poner algunos ejemplos). 

Tenemos una oportunidad y ahí os pido vuestra ayuda. Es cierto que las ventas de libros en papel por Internet solo representan el 2% del mercado, pero están aumentando consistentemente, un 10% respecto al último año. Podéis comprar libros en nuestra página, si sois miembros del Club Avizor con un 20% de descuento, y sino a P.V.P., y os los enviamos por correo a casa. Podéis comprar para los amigos que os han visto u oído hablar del libro, para regalar estas Navidades, para un cumpleaños, para tener un gesto de distensión con el cuñado o cuñada (las mujeres leen más)… En fin, por miles de motivos.

He dejado para el final al gran culpable de todo esto, al que nos embarcó en esta aventura, a este individuo fuerte, feo y formal, algo mujeriego pero tierno, irónico… Me refiero a José Dalmau claro está. Mientras Dalmau mantenga el tipo, Avizor continuará.

Por favor, Guillermo desenmascara a este farsante que se hace pasar por Miguel Fortea. Ten cuidado que viene muy entrenado de Cádiz, donde hicimos la prepresentación de Cuando se hiele el infierno.

Arturo Morando Llerandi,
intervención en la Fundación Ramón Menéndez Pidal,
30 de noviembre de 2023